
Especialistas advirtieron que 1 de cada 5 jóvenes presenta daño en el oído medio a causa de los decibeles a que se exponen. Piden a los fabricantes actuar con responsabilidad. Gabriela Bade
El ruido de una calle con alto tráfico equivale a 80 decibeles, que es el nivel máximo de ruido al que una persona se puede exponer sin riesgo para la salud de su oído. Un reproductor de audio puede llegar a un máximo de 100 decibeles y, según los estudios de la medicina del oído, exponerse más de 15 minutos diarios a ese volumen es garantía de daño auditivo definitivo.
Por eso es que la asociación alemana de médicos otorrinolaringólogos (HNO) advirtió ayer que ese máximo permitido por la Unión Europea es muy alto. Argumentan que los MP3 están llevando a que los jóvenes de entre 16 y 20 años tengan cada vez más problemas auditivos: hoy registran que uno de cada 5 tiene daño en el oído interno.
Los médicos, a través de un comunicado, hacen un llamado a los fabricantes de estos aparatos electrónicos a ser responsables e informar claramente a sus clientes del peligro para la salud que implica escuchar música a tan alto volumen.
A Voluntad
Apple, la empresa tras el popular Ipod, ya conoce el tema. En 2006 debió enfrentar la demanda de un ciudadano estadounidense que aseguraba que uno de estos reproductores podía llegar a un máximo de 115 decibeles, y que exponerse sólo por 26 segundos al día a ese volumen de ruido dañaba el oído.
Como respuesta, la empresa de Steve Jobs creó un software que se instala en el Ipod y permite al usuario fijar un límite máximo de volumen.
Aun así y según un estudio que cita Jaime Delannoy, director de Ingeniería Civil en Sonido y Acústica de la Universidad Tecnológica Inacap, el volumen máximo tanto del Ipod como de otras marcas de reproductores alcanza los 100 decibeles. Con audífonos de alta calidad, es posible que escale a 115.
Tal como Apple, otros fabricantes de estos dispositivos decidieron agregar una alternativa de limitador de volumen máximo según la voluntad del usuario.
Delannoy explica que "el problema es que la sensación de agrado es muy subjetiva y depende del ruido ambiente". Es decir, si una persona va en el metro o camina por la calle ya está expuesta a un nivel de ruido de 80 decibeles, y la sensación de agrado en los audífonos se eleva otros 10 db sobre ese nivel.
Este factor, sumado a la fatiga auditiva que se produce en quienes escuchan a un volumen alto y que los lleva a aumentarlo constantemente para mantener la sensación de agrado, hace que los usuarios de los reproductores tiendan a escuchar música a niveles muy superiores al recomendado.
La realidad Local
Según un estudio de la Asociación Chilena de Seguridad (ACHS) realizado en 72 estudiantes universitarios de entre 21 y 27 años, el 81,9% usa reproductores de sonido. De ellos, el 30,9% lo hace a volumen moderado y alto, y el 50,9% reconoce que le zumban los oídos después de quitarse los audífonos.
Datos preocupantes, según Ana María Salazar, jefa de la Unidad de Riesgos Físicos de la ACHS. "En el área médica chilena también existe conciencia de que se requiere normar los niveles de emisión de los reproductores para que no perjudiquen la audición de las personas".
La única regulación que existe en Chile -en cuanto a límite de ruido- es para efectos laborales, y exige que los trabajadores no pueden exponerse a más 85 decibeles en un plazo de ocho horas diarias (Decreto supremo 594).
Fuente: “El Mercurio” – Santiago de Chile